apostar por la igualdad

jueves, 18 de junio de 2009


Antes de ayer se aprobó en el Congreso de los Diputados una Proposición no de Ley en la que se solicitaba la desaparición de los Ministerios de Cultura, Vivienda e Igualdad.

Me parece muy poco serio que se planteen este tipo de iniciativas. No hay razones rigurosas para plantear la desaparición de ninguna de ellos, pero hoy me quiero centrar en el Ministerio de Igualdad.

Quiero recordarles a todos los que han votado favorablemente su desaparición que las mujeres llevamos mucho tiempo, demasiado tiempo reclamando ser partícipes activas en el mundo y a todos los niveles: político, social, económico, cultural, laboral, social…

Durante demasiado tiempo estuvimos recluidas en el mundo de lo privado y fue por la labor, muchas veces desconocida, de miles de mujeres, que comenzamos a hacernos visibles.

Fue el PSOE el que apostó por convertir las reclamaciones de las mujeres en iniciativas que pudiesen potenciar que la discriminación que hemos padecido secularmente iniciará un camino hacia la igualdad.

Un camino que se inició con el apoyo a las políticas de cuotas y que ha tenido su máximo exponente en la aprobación de la Ley de Igualdad.

El Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, apostó claramente y sin reservas por nosotras, por las mujeres, con un número importantísimo de medidas que permiten que sigamos transitando hacia la igualdad real y plena, que es un derecho irrenunciable para una sociedad que quiera ser moderna, plenamente democrática, justa y equitativa.

Fue el Presidente del Gobierno el que nombró un Gobierno paritario. Fue el Presidente del Gobierno el que decidió que hubiese un Ministerio de Igualdad que permite que las políticas de género, que son imprescindibles en una sociedad en la que aún hay muchas trabas sexistas que superar, se pusiese en funcionamiento.

Este Ministerio es de una enorme relevancia, por más que algunos pretendan hacerlo desaparecer, ya que tiene como finalidad que en todas las decisiones que se tomen se tenga en cuenta la perspectiva de género y porque su existencia hace que las justas demandas de las mujeres sean tratadas al más alto nivel: desde la existencia de un ministerio pensado para avanzar en la igualdad.

¿Cómo es posible que se pretenda hacerlo desaparecer? Las mujeres necesitamos que se sigan impulsando políticas que nos permitan acceder en igualdad de condiciones a la política, a la educación, al trabajo, a los órganos de dirección públicos y privados, a la cultura, al ocio. Necesitamos políticas que luchen contra la discriminación en los salarios, en la promoción en las empresas y en las administraciones, en la lucha contra el uso estereotipado de nuestra imagen, contra el maltrato, en la defensa de nuestros derechos civiles.

¿Alguien cree que todo esto se puede hacer si no hay una apuesta seria porque la política de igualdad sea de primer orden? ¿Alguien duda de que tener un Ministerio que se encarga en exclusiva de nuestros derechos como mujeres no sea una apuesta de primer orden? ¿Alguien cree que las políticas de género no tienen entidad suficiente para ser defendidas de un Ministerio exclusivo?

¿En qué mundo viven los que creen que el Ministerio de Igualdad es una carga para el Estado? ¿Es qué creen que nosotras, las mujeres, somos una carga para el erario público? ¿Es qué aún no se han dado cuenta de que sigue habiendo graves situaciones de discriminación que precisan de la actuación política al más alto nivel?

De verdad, no entiendo que en el siglo XXI haya una sola persona que no sea consciente del importante significado que tiene que exista un Ministerio que se ocupe de los problemas, graves problemas, que aún padecemos las mujeres, la mitad de la población. Repito: la mitad de la población. ¿No merece la mitad de la población un Ministerio que se encargue de dar respuesta a sus demandas?

Siento tener que decirlo pero los que no lo entienden no apuestan, realmente, por la igualdad. Los socialistas sí lo hacemos y no vamos a renunciar a seguir avanzando hacia la igualdad total. Es una cuestión de derechos. Es nuestra cuestión.

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